Soldado argentino que mató al jefe de paracaidistas ingles

La historia del soldado argentino que mató al jefe de paracaidistas inglés



Ocurrió en Pradera del Ganso, cuando tropas inglesas recuperaron Puerto Darwin. Allí el teniente coronel Jones cayó ametrallado por un conscripto. En el combate murieron 47 argentinos y 17 ingleses. Las guerras pueden durar meses o años, pero es un segundo el que decide el destino de los soldados. El combate de Pradera del Ganso o Goose Green, a las puertas del Puerto Darwin, es recordado como uno de los cruciales y más violentos. También porque allí cayó el militar inglés de mayor rango, el teniente coronel Herbert Jones, jefe de los paracaidistas británicos y toda una leyenda de la guerra.




Esa batalla, entre la noche del 28 de mayo y la madrugada siguiente, comprobó la supremacía británica, pero también la testarudez de los soldados argentinos. Quizá fue el exceso de confianza lo que acabó con el oficial Jones, uno de los 15 combatientes ingleses enterrados en Malvinas.





Los argentinos llevaban semanas aguardando la llegada de las tropas inglesas a la colina de Darwin, en Goose Green, uno de los puntos estratégicos de la Isla Soledad. Y los ingleses llevaban días planeando el ataque, aunque tuvieron que apurarlo 24 horas porque la BBC se enteró y lo difundió por la televisión. Así lo reveló el año pasado el investigador Lawrence Freedman, en la versión oficial inglesa del conflicto.




La primera línea de la defensa argentina era ocupada por el Regimiento de Infantería 12, en su mayoría soldados correntinos sin preparación y con pocas armas —"pero valientes", destaca Freedman—, que aguardaban dentro de pozos trinchera. Previendo un ataque, la noche anterior se había enviado a un grupo de apoyo de Córdoba, al mando del teniente Roberto Estévez, quien no viviría para contarlo. Sí lo haría Oscar Ledesma, un conscripto de 19 años que había sido elegido para manejar una de las tres ametralladoras del pelotón.





El ataque inglés fue brutal. Un escuadrón de 300 hombres tomó la playa por la noche y rápidamente avanzó tierra adentro, mientras una tremenda artillería sacudía desde un buque inglés la resistencia argentina, en ese momento de no más de 200 soldados. Las bombas arremetieron con sus esquirlas e incendiaron pastizales. Los argentinos resistieron por horas, pero dos de la tres ametralladoras argentinas quedaron fuera de uso en pocas horas y sobre las seis de la mañana los pozos empezaron a llenarse de cadáveres.


Fue entonces cuando los atacantes sintieron que era el momento de saltar la línea. Tomaron los primeros pozos y tomaron los primeros prisioneros. Pero el oficial Jones estaba "ansioso", "exultante" y "apurado", según las definiciones de Freedman. E hizo algo que probablemente no debía, lo que los ingleses llamaron un rapto de "devastador coraje". Se puso al frente de un pelotón de 15 hombres y encaró decidido contra una trinchera argentina. No vio que a unos 20 metros de distancia, detrás de una lomita que lo hacía invisible, un soldado cordobés sostenía la última ametralladora. Y Ledesma disparó. Vio venir al inglés y disparó una ráfaga, sin saber que era el jefe de los atacantes. El hombre dio una vuelta en al aire y quedó boca arriba. Todavía vivo, Jones acercó una mano a su cintura buscando una granada. Pero otra ráfaga lo sacudió. Eran las 6.30 de la mañana.


Los disparos de Ledesma fueron de los últimos que se escucharon en Goose Green. Minutos después las tropas argentinas se rendían y se convertían en los primeros prisioneros de la guerra. En la batalla habían muerto 47 soldados argentinos y 17 ingleses. A los prisioneros le siguieron días de encierro en un galpón de Darwin y semanas en un barco inglés y, consumada la rendición, el abandono en Montevideo. La batalla había sido la antesala del final. Fue, según los ingleses, "el muro moral" de Malvinas y su camino hacia Puerto Argentino.



Historiadores británicos sugirieron por años que Jones había sido matado a traición luego de la rendición argentina. Pero la versión oficial de Freedman lo desmiente. Como también el relato que hicieron los sobrevivientes a Oscar Téves, autor del libro "La pradera del Ganso", donde se reconstruye la batalla. Veinticinco años después, un monolito recuerda el lugar exacto donde cayó el oficial inglés y la línea de tiro del soldadito cordobés. Muy lejos de los Galtieri y los Thatcher, eran hombres solos.