El Madrid tiene más gol que fútbol


El Real Madrid se acuesta líder tras adornar a última hora un triunfo en el que volvió a acumular demasiados minutos de intrascendencia en la construcción. Cuando los dos equipos se quedaron con diez el conjunto blanco sentenció, cómodo a la contra y blindado con un trivote. Cristiano -de penalti- e Higuaín, la mejor noticia para su equipo, encontraron los goles que tanto ansiaban. Clos Gómez tuvo mucho trabajo: penaltis, reclamados y pitados, y tres expulsiones.


El Real Madrid arrancó el campeonato con un rácano empate en Mallorca y acto seguido Mourinho pidió tiempo y espacio con una aritmética clara: portería a cero y economía goleadora para sumar de tres en tres. Lo demás se supone que llegará pero todavía no ha llegado. Con el oasis del Ajax por en medio, el Real Madrid sigue mascando defectos que oscurecen sus victorias: ya tres de cuatro en Liga, diez puntos de doce y liderato provisional.

Las cuentas de Mourinho salen por ahora y el portugués se apoya en ellas tras unos días demasiado movidos en lo extra deportivo. Además, la noche ante el Espanyol acabó con un amago de goleada más extraño por sensación de juego que por ocasiones. Desde un punto de vista resultadista la jornada parece redonda. Peor resultó para quienes quieren ver cuanto antes los andamios de un equipo de alto vuelos. Tendrán que esperar, por mucho que el resultado final reluzca y que el equipo percuta con insistencia al amparo del Santiago Bernabéu.

Lass por un renqueante Khedira fue el único cambio con respecto a San Sebastián. Y el francés, no era difícil de imaginar, no mejoró al alemán en nada de lo que realmente añora el equipo en la medular. Corrió, robó tanto como perdió y se permitió alguna frivolidad, pero no cohesionó la línea principal y más sufriente del equipo. Al Real Madrid le falta fútbol en la zona de elaboración y es un puro enredo cuando tiene que salir desde atrás. Su fútbol tiende por naturaleza a la vertical exagerada, a la resolución individual, a los latigazos (temibles, eso sí) que derivan de una buena primera línea de presión y de la laboriosidad del bloque. Pero la ausencia de violines y el exceso de tambores dejó finalmente un retrato de partido extraño: más ocasiones que juego, goles y polémica en lugar de fútbol.

Nada de lo sucedido se puede entender sin la figura de un Clos Gómez que tuvo mucho trabajo y del que todos parecieron quejarse. El Real Madrid reclamó dos penaltis antes de que se pitara otro por supuesta mano de Luis García desde la barrera y tras lanzamiento de falta de Cristiano. En la segunda parte llegaron las expulsiones: Pepe se fue por doble amarilla cuando pudo irse antes por roja directa. Un minuto después Galán salió del partido por cazar a Cristiano y Forlín completó el empate entre goles y expulsiones tras pedir mano previa de Arbeloa en el tercer gol del Real Madrid.

Las dos expulsiones casi consecutivas y con media hora por jugar sirvieron como eje vertebrador del desenlace del partido. Llegaron casi por sorpresa tras unos minutos de sesteo del Real Madrid y entre amagos de vida del Espanyol. Y sirvieron para que Mourinho aplicara un 4-3-2 para el que no tuvo reparos en sentar a Özil y Di María. Con un eje de (¿demasiado?) hierro Khedira-Xabi-Lass, el equipo controló el tramo final ante un rival bravo pero acuciado por las bajas en la delantera y sentenció con los goles de Higuaín y Benzemá. El primero de ellos demostró que el Madrid vive mucho más feliz robando arriba y saliendo a la contra. Cristiano asistió e Higuaín definió en lo que fue la acción más lúcida de ambos, por lo demás otra vez ansiosos, individualistas y fallones. Con el partido roto, el recién entrado Benzemá marcó un gol de buen delantero, de esos que no se sabe si servirán para conectarle por fin al equipo o para ser recordados el día en el que se filosofe sobre lo buen fichaje que pudo haber sido.

Antes de las expulsiones, el Espanyol probó los reflejos de Casillas y la paciencia del Bernabéu con un buen remate de Verdú. El equipo de Pochettino arrancó mejor en ambos tiempos y después ofreció un ejercicio de orden sin demasiada llegada. Callejón perdonó en el arranque de una primera parte que el Real Madrid acabó dominando por empuje, sorteando dificultades a base de buscar a Özil y saltarse la línea de creación. Juego rápido (e impreciso) y acciones individuales de Di María (incómodo en la derecha), Cristiano, Higuaín... Pese a que el desconcierto superaba a la armonía, Kameni tuvo un puñado de buenas intervenciones y sólo entregó su portería en el penalti convertido por Cristiano.

El final y el resultado fueron plácidos, benevolentes con un Real Madrid que mereció ganar pero que sigue dejando dudas muy serias acerca de su capacidad para elaborar juego y dominar a rivales organizados y trabajadores. Sigue ganando y sigue, al fin y al cabo, disparando más de lo que le disparan y marcando más de lo que marcan. Lo que pedía un Mourinho al que, al menos por ahora, la calculadora sí le funciona.



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