Frases sobre la vida: Napoleon Bonaparte





Cada uno de los movimientos de todos los individuos se realizan por tres únicas razones: por honor, por dinero o por amor.

 

Las batallas contra las mujeres son las únicas que se ganan huyendo.

 

Sólo hay dos palancas que muevan a los hombres: el miedo y el interés.

 

Los sabios son los que buscan la sabiduría; los necios piensan ya haberla encontrado.

 

Cuando quiero que un asunto no se resuelva lo encomiendo a un comité.

 

La envidia es una declaración de inferioridad.

 

La mayor parte de aquellos que no quieren ser oprimidos, quieren ser opresores.

 

El mal de la calumnia es semejante a la mancha de aceite: deja siempre huellas.

 

De lo sublime a lo ridículo no hay más que un paso.

 

La victoria pertenece al más perseverante.

 

Lo imposible es el fantasma de los tímidos y el refugio de los cobardes.

 

Tan tranquilas son las personas honradas y tan activas las pícaras, que a menudo es necesario servirse de las segundas.

 

La batalla más difícil la tengo todos los días conmigo mismo.

 

Si quieres tener éxito, promete todo y no cumplas nada.

 

Hay que encontrar un modo de preservar a las generaciones venideras de la avaricia o inhabilidad de las presentes.

 

Abandonarse al dolor sin resistir, suicidarse para sustraerse de él, es abandonar el campo de batalla sin haber luchado.

 

Las mujeres no son otra cosa que máquinas de producir hijos.

 

Cuando no se teme a la muerte, se la hace penetrar en las filas enemigas.

 

El método más seguro de permanecer pobre es, sin duda, ser una persona franca.

 

En la guerra como en el amor, para acabar es necesario verse de cerca.

 

¿Queréis contar a vuestros amigos? Caed en el infortunio.

 

El amor es una tontería hecha por dos.

 

Interpretar la ley es corromperla, los abogados las matan.

 

Con audacia se puede intentar todo, mas no conseguirlo todo.

 

Para triunfar es necesario, más que nada, tener sentido común.

 

La independencia, igual que el honor, es una isla rocosa sin playas.

 

En política hay que sanar los males, jamás vengarlos.

 

El porvenir de un hijo es siempre obra de su madre.

 

La guerra es un juego serio en el que uno compromete su reputación, sus tropas y su patria.

 

La opinión pública es un poder al que nada resiste.

 

No hay que temer a los que tienen otra opinión, sino a aquellos que tienen otra opinión pero son demasiado cobardes para manifestarla.

 

A la mayor parte de los que no quieren ser oprimidos no les disgustaría ser opresores.

 

Bien analizada, la libertad política es una fábula imaginada por los Gobiernos para adormecer a sus gobernados.

 

Hay ladrones a los que no se castiga, pero que roban lo más preciado: el tiempo.

 

La mejor forma de cumplir con la palabra empeñada es no darla jamás.

 

Discutir en el peligro es apretar el dogal.

 

Un hombre de estado debe tener el corazón en la cabeza.

 

Hace falta más valor para sufrir que para morir.

 

Es injusto que una generación sea comprometida por la precedente. Hay que encontrar un medio que preserve a las venideras de la avaricia o inhabilidad de las presentes.

 

La muerte es un ensueño sin ensueños.

 

La ambición jamás se detiene, ni siquiera en la cima de la grandeza.

 

La policía a veces inventa más de lo que descubre.

 

El coraje no se puede simular: es una virtud que escapa a la hipocresía.

 

Imponer condiciones excesivamente duras es dispensar de su cumplimiento.

 

Si la obediencia es el resultado del instinto de las muchedumbres, el motín es el de su reflexión.

 

Una cabeza sin memoria es como una fortaleza sin guarnición.

 

Hay tantas leyes que nadie está seguro de no ser colgado.

 

Se puede aplastar una nación religiosa, pero no dividirla.