Investigación Criminalización de la Pobreza.

El siguiente texto pertenece a una investigación que leve a cabo junto a dos compañeras a mediados de este año, no lo posteo en clave de foro, sino con a idea de compartir mi obra.
saludos.

NOTA: la muestra esta situada en el partido de a Matanza, pero la idea es ograr, sin generalizacion de por medio, entender as relacions intergrupales y su funcionamiento.



Seguridad/Inseguridad. Criminalización de la Pobreza

INTRODUCCION

Desde el discurso oficial, la inseguridad aparece como un dato objetivo. El 1° de agosto de 2004, La Nación publica una encuesta de opinión pública sobre los temas que más preocupaban a los argentinos. Los resultados arrojados fueron los siguientes: inseguridad, 22%; desempleo, 20%; pobreza, 11%; Educación, 8%; Justicia, 6%; crisis económica, 4%.
Días más tarde, la edición del 9 de agosto del diario Clarín publica nuevos datos sobre la inseguridad: entre el 49% y el 59% de los encuestados decían haber sido víctimas de la inseguridad, mientras que entre el 55% y el 66% afirmaba que un familiar o un amigo lo habían sido.
Contra la supuesta transparencia de los datos cuantitativos afirmamos que las encuestas citadas en el presente trabajo no constituyen un reflejo de esa realidad.
Semanas antes se instalaba en la agenda el secuestro y posterior asesinato de Axel, hecho que dispara la carrera política de su padre, Juan Carlos Bloomberg, aliado políticos de Macri, principal fuerza de la derecha en Argentina (NOTA: la investigación fue realizada en el contexto de las marchas por las Leyes de Bloomberg).
Bloomberg irá como candidato a Gobernador de la provincia de Buenos Aires bajo una campaña de endurecimiento de penas, disminución de la edad de imputabilidad, etc. Se trata de una corriente política que se presenta como nueva alternativa, insiste en la despolitización de la sociedad civil y la concepción de un Estado eficiente en términos empresariales.
Macri habla de su aliado político: “Juan Carlos ha creado una relación con la gente, producto de la desgracia que pasó con su hijo, y encarnó la desesperación de la ciudadanía, de la gente decente que paga sus impuestos” (Emisión del programa “Tres Poderes”, canal América, 19 de junio de 2007 a las 22hs).
Durante la investigación hemos corroborado la existencia de un sentido común construido desde la idea hegemónica de la amenaza de la inseguridad, sus causas y sus posibles soluciones. Será nuestro trabajo desarmar la fachada de los entrevistados, quienes tienden a mostrarse comprensivos y abiertos intentando desplegar discursos políticamente correctas.
Frente a la presencia de los investigadores, los sujetos especulan qué es lo que se espera de ellos desde el lugar del enunciatario y crean un personaje adecuado para desplegar su actuación, reforzándolo con su fachada.
Esto se pone de manifiesto con las frases "Yo no discrimino a nadie, pero…". Otra de las estrategias que refuerzan la imagen que el informante proyecta sobre sí mismo consiste en el distanciamiento de frases discriminatorias o el uso de frases "social y políticamente incorrectas". Se ha registrado el uso de la tercera persona indefinida, la voz pasiva, ejemplos como "Me han dicho...", "Es sabido que…", "Se comenta por ahí…".
Lo que sigue a continuación es el desarrollo de nuestra investigación.
En el primer apartado daremos cuenta de cuales son los imaginarios y las identidades de los vecinos y el lugar de las instituciones; en el segundo hablaremos de la construcción del delincuente, barrio, la villa y el espacio público; y, por último, realizaremos un análisis de la relación entre las voces de los vecinos, la voz de los medios y la voz de las instituciones.

OBJETIVO DEL TRABAJO

El siguiente trabajo se propone dar cuenta de la construcción de sentido sobre el par seguridad/inseguridad en el discurso y las prácticas de la sociedad civil.
Tomamos como objeto de estudio un grupo de comerciantes de la localidad de La Tablada (Partido de La Matanza, Provincia de Buenos Aires), todos ellos tienen sus negocios ubicados entre las alturas 4000 y 4500 de la Avenida Arieta.
Su elección no fue azarosa, sino que responde a un criterio de selección limitado por los tiempos de investigación y las consignas de esta investigación. Cuatro informantes no son una muestra representativa del conjunto de los ciudadanos de Tablada, así como tampoco de sus comerciantes. Decidimos acotarnos a una cuadra por informante en la avenida de mayor actividad comercial.
Por otro lado, los informantes se encuentran en relación constante con miembros de la comunidad, razón por la cual apostamos a la posibilidad de un acceso adicional a metadiscursos (discurso sobre el discurso de sus clientes) y además de los propios.
Por último, a nuestro parecer, los comerciantes se encuentran más expuestos al delito que aquellos que no lo son.


MARCO TEORICO

A lo largo de esta presentación utilizaremos conceptos claves enmarcados en teorías específicas. Estos conceptos serán definidos a continuación.
Tomamos de Stela Martini los conceptos de Identidad e imaginario.
Identidad definida como construcción elaborada a partir de un Nosotros que se opone a un Otro diferente. La pertenencia es estricta (incluye o excluye) pero también flexible (dinámica).
También recurriremos a su definición de “imaginario”: representaciones sociales que comprenden efectos de sentido y son producto del discurso. Hace referencia a una relación con la realidad, la construcción de un verosímil distinto de lo real y se forma en base a tres elementos principales: momentos del pasado guardados en la memoria, la experiencia del presente y la expectativa futura
El imaginario social está en la base de la construcción de las identidades, por este motivo los consideramos de central importancia, ya que este trabajo intenta reconstruir las imágenes de un Nosotros y un Otro y a su vez estudiar los imaginarios de un sector social acotado sobre el par seguridad/inseguridad. Todo bajo el supuesto de que “es en los momentos de crisis donde los imaginarios se activan con más fuerza”.
En relación con “identidad” utilizaremos el concepto de “comunidad imaginada” definida por Anderson como categoría central para abordar los estudios sobre nacionalismo. Este autor define a la nación como una categoría perteneciente al orden de lo imaginario; se trata de una comunidad imaginada ya que los miembros de ese colectivo nacional jamás conocerán a la mayoría de sus compatriotas, sin embargo existe la seguridad de tener algo en común con ellos (Cfr. Anderson, 1993: 23). Problematizaremos estas nociones en relación con la no adscripción de los informantes a esta categoría.
De Goffman tomaremos los conceptos definidos a continuación:
Estigma: atributo negativo que arroja un descrédito profundo sobre quien lo porta. Será de utilidad para dar cuenta de los mecanismos de exclusión
Fachada: dotación expresiva de signos usada consciente o inconscientemente para reforzar el personaje del actor. Este concepto nos permite, observar los modos en que los actores demuestran e insisten en la pertenencia a un Nosotros específico.
Para analizar las relaciones de poder usaremos la definición de “cultura”, “hegemonía” y “sentido común” brindada por Gramsci.
Cultura: como espacio de lucha por la apropiación e imposición del sentido.
Hegemonía: Proceso por el cual una clase transfiere sus intereses al resto de la sociedad. Es un proceso de control que se diferencia de la coerción porque no utiliza la violencia física. Funciona como generador de consenso.
Sentido Común: conjunto asistemático de ideas, prácticas, y creencias absorbido acríticamente por las clases populares. De carácter conservador y depositario de la ideología dominante. Asimismo, utilizaremos el término definido desde la etnometodología (Garfinkel), entendido como “aquello que todos saben”,
Por otro lado, adoptaremos de Aníbal Ford la definición de Comunicación: nos comunicamos por sentidos compartidos o fragmentariamente compartidos, no por significados. Esos sentidos se producen en la cultura (Definición de Geertz: el hombre vive inserto en un tejido de significaciones que el mismo ha creado y esa urdiembre es lo que el autor designa bajo el concepto de cultura, aquello que hace inteligible el mundo).
Entendiendo la cultura como mediación de la sociedad recurrimos a la definición de “mediación” esbozada por Contursi-Ferro.
Para analizar las representaciones utilizaremos las teorías sobre el esbozadas por Kessler , así como también conceptos y análisis propuestos por Madriz, los cuales serán oportunamente introducidas a lo largo del desarrollo junto a dos nociones de Wacquant: Estado penal y Nueva Marginalidad urbana.
También nos serviremos del cocepto de “dialéctica de la libertad y el control” introducido por Garland, para dar cuenta de su relevancia en las soluciones propuestas por los vecinos, a fin de disminuir la inseguridad.



METODOLOGÍA Y CORPUS


“El mapa no es el territorio”
Bateson

En el marco de nuestra investigación piloto realizada en el barrio de La Tablada como investigadores debimos sortear diversos obstáculos.
El primero fue seleccionar nuestro objeto de estudio y en base a esa elección cómo abordarlo y contextualizarlo. Si bien, sabíamos que debíamos realizar 4 entrevistas y a partir de ellas relevar los sentidos construidos en la situación de interacción. Debimos establecer diversos criterios de análisis para abordar nuestro objeto.
Sin embargo, “estar ahí” en el campo y el modo en que nuestros informantes comunicaban sus representaciones sobre la seguridad-inseguridad nos llevó a replantearnos nuestras primeras hipótesis de trabajo.
Con lo cual nos sentimos desbordados por nuestros sujetos de estudio y sus construcciones de sentido, en la situación de interacción. Fue así que, a partir de muchas, muchísimas lecturas del material de Cátedra comenzamos a sortear esos obstáculos.
Luego, en el momento de confeccionar al corpus nos paso que teníamos tantos artículos para incorporar que realizar el recorte fue algo complicado. Nuevamente, nos vimos desbordados por el material. Porque, en el contexto en que se daban las elecciones para elegir Jefe de Gobierno en la Cuidad Autónoma los Diarios más importantes nos proporcionaron mucho material.
Así que, decidimos hacer un recorte de todo el corpus en base a los imaginarios que fuimos encontrando a medida que analizábamos las entrevistas. Porque, todo el tiempo se hizo visible la tensión entre los diferentes sectores sociales por imponer su visión del mundo, a través de los discursos.
De manera que, la relación entre la Teoría y práctica fue ardua pero enriquecedora. Puesto que, “nos comunicamos a través de sentidos y no de significados” debimos como analistas ir leyendo indicios dentro de un contexto.
La cultura entendida como trama de significados, siguiendo a Geertz nos permitió dar cuenta de los textos y sus contextos. Y entendida “como espacio de lucha por la apropiación e imposición del sentido, según Gramsci.
Nos proporciono la llave para ver las disputas y pujas de poder que mantienen los
diferentes actores sociales a la hora de definir el mundo y sus sentidos. Al trabajar con artículos periodísticos y material oficial para contextualizar las entrevistas necesitamos entender los discursos dentro de un concepto de Cultura que de cuenta de los conflictos.

Otra de las dificultades que tuvimos fue, despojarnos de nuestra subjetividad y “miedos” al ingresar en un lugar que sabíamos, según nos lo había dicho nuestro contacto que era peligroso.
Al ingresar al Barrio realizamos una doble operación, por un lado éramos concientes de lo que no debíamos (prestar atención a nuestros imaginarios sobre la zona) y al mismo tiempo experimentamos por un momento la sensación de inseguridad por estar frente a Otros desconocidos.
Con lo cual, la experiencia de trabajo nos permitió bajar los conceptos, es decir ponerles un contexto, en un caso particular de la vida cotidiana. Para problematizarlos entre sí, refutarlos, relacionarlos, discutirlos. Y sobre todo, para entender y comprender como operan en los sujetos ciertas categorías sociales.
Todos los conceptos que habíamos aprendido en clase, que al principio nos resultaban tan abstractos fueron cobrando cuerpo a medida que cerrábamos el tra



ANALISIS


¿Quién es el vecino? ¿Quiénes son los pares? Y ¡quiénes nos protegen?

A pesar de la sensación de inseguridad que manifiestan los vecinos de La Tablada, sostienen que hay razones por las que siguen viviendo allí y no se irían. Según ellos mismos definen, es por la gente buena que vive en el barrio, trabajadora, con la cual se encariñaron y con quienes los une un sentimiento de aceptación mutua, es decir, por los vecinos. Son aquellas personas que comparten un mismo estilo de vida y cuyas prácticas cotidianas han tenido que ir mutando con el correr del tiempo, modificándose y adaptándose en gran parte a los horarios y rutinas que les fue imponiendo la inseguridad.
La inseguridad es construída como aquella sensación de desprotección por parte del Estado, que los deja desprovistos de medios para ejercer sus derechos al goce de la libertad y a la propiedad, principalmente.
En el barrio estudiado, según explican sus habitantes, el concepto de vecino ha ido cambiando al mismo tiempo que la sensación de inseguridad fue avanzando.
“La gente del barrio se conoce porque viven uno al lado del otro, pero no es que se comunican como lo hacían años anteriores (…) Al haber tanto robo, la gente está más acobachada, sale a hacer los mandados y vuelve” (Guillermo)
Prácticas de socialización, cotidianas, simples, como sentarse en la calle a tomar mate y charlar o cruzarse unos a las casas de otros fueron reemplazándose por el “cada uno hace su vida”. Se puede rastrear en este tipo de cambios sociales algunas de las causas de la falta de comunicación entre los vecinos, el escaso contacto y puntos de encuentro, de unión vecinal.
“ Acá no hay mucha comunicación con la gente, a lo sumo te podés enterar si acá a dos cuadras pasó algo, pero cinco cuadras más para allá, no te enterás de nada”. (Guillermo)
“Cada uno está en la suya” (Carolina)
Si tomamos a Ester Madriz, ( cfr. Madriz, 2001: 42) podemos ver como el miedo a la delincuencia impone fronteras a nuestras acciones y organiza el consenso público en torno a las cuestiones del comportamiento apropiado. Como cita en su obra: “Vivir como una víctima para no convertirse en una (…)”, en este caso parece ser la solución: “Cada uno se cuida a su manera (…) la manera es quedarse en su casa, no salir” (Marta)
Sin embargo, otro factor contribuye a esta falta de contacto entre los vecinos, y se vincula con la carencia de espacios públicos e institucionales a los cuales los habitantes del barrio puedan acudir (plazas, escuelas, centros sociales) y recurrir (hospitales, salas de primeros auxilios, asociaciones de asistencia social) .
De modo que aquí se hace visible otra de las profundas grietas que contribuyen a la fragmentación social en La tablada. Se puede asumir su propia construcción imaginaria como comunidad excluida: excluida con respecto a otros barrios y excluida por las mismas instituciones del estado.
Las instituciones se ven representadas en los discursos como otro factor que contribuye a la sensación de inseguridad. Aparece nombrada con mayor frecuencia la deficiencia policial (pasividad-complicidad-imposibilidad) que si bien es percibida como un elemento de inseguridad aparece naturalizada, tolerada y necesaria. Se exige una mayor presencia policial en las calles y el incremento de sus facultades represivas con el fin de
controlar y acabar con la inseguridad.
Solo Martha y Guillermo proponen un reemplazo de esta fuerza por gendarmería en el caso de Martha y por un cuerpo de policía barrial pagada por el Estado en el de Guillermo.
Las insuficiencias responden a do naturalezas distintas según las refirieron los informantes: la primera se trata de la imposibilidad práctica de acceso a la villa
y el escollo de las normas que regulan la actividad policial. Esta falencia resulta inadmisible a los entrevistados quienes se mostraron indignados: "no los dejan actuar, dicen 'son menores, nosotros venimos y no podemos hacer nada. Si hacemos algo nos castigan a nosotros'. (…) Porque es menor no se le puede dejar hacer lo que quiera, tiene que haber una pena, tienen que tomar una medida, un control. (…) un día vienen con un revolver y me matan. Si los toco voy presa, pero si ellos me tocan no, ¿dónde están las leyes?” (Laura)
La segunda pertenece al orden de la ilegalidad, se acusa a la policía de corrupción y soborno. La corrupción policial es repudiada pero fue socialmente aceptada como un mal menor. Guillermo nos dice: "Este es un negocio de comida, de vez en cuando vienen (policías) y les das un sándwich, entonces te tienen vigilado (…) se los puede sobornar con algo muy poquito, es como que pagás la cuota".
Carolina: "Donde estaba antes poníamos $10 cada uno de los comerciantes del lugar y pagábamos aun policía para que camine la cuadra. Yo no tengo problema".
Uno de los principios hegemónicos más fuertes ha sido absorbido por el sentido común naturalizándose la ecuación INSEGURIDAD =CRIMINALIDAD.
Por otro lado, aparece la representación de los otros, los estigmatizados, que conforman la Villa Palito, de la cual los separa geográficamente el Camino de Cintura.
Mediante la repetida introducción discursiva de frases aclaratorias como: “no es que discrimine a nadie, pero…”, seguida de: “ se dice que te roban de la Villa Palito” (Guillermo), “No es que discrimine, pero tenemos una villa por acá” (Carolina); “hay gente buena en la villa, pero son pocos” (Marta); “Tenemos una villa cerca por acá, muchos delincuentes se dice que vienen de ahí” (Mirta).
Asimismo, subyace un sentido general de que tal estigma es arrojado por los demás, como algo dado, mediante el uso de construcciones impersonales o en tercera persona: “ Se dice que …” “Tenemos dicho que “; todas haciendo referencia a un sentido común, definido según Garfinkel (Cfr. Wolf, 1998) , construido en torno a una figura del delincuente, asociada estrechamente al espacio físico de la villa.
Otro punto de estigmatización se da en lo referente a los extranjeros, habitantes de la misma villa: “Hay mucho paraguayo ahí, mucho boliviano...qué buena gente los bolivianos, no sé si andarán en la droga, pero son buena gente. La verdad no pensé que eran tan buenos” (Marta).
“No vamos a decir, como dice la radio, que en la villa son todos chorros, que están todos los paraguas y los bolivianos deshonestos; porque también hay italianos y argentinos chorros. Para mí, los bolivianos son decentes, trabajadores, duermen en una piecita y ahí trabajan nomás.” (Laura).
Paralelamente se puede notar como aparece también la puesta en juego de una lectura indiciaria a la hora de prever quienes son los posibles delincuentes: “Vino una señora, bien vestida, con un celular muy reluciente (…) cuando llego al mostrador se había ido con todas las cosas” (Laura).
“Te das cuenta si te van a robar. Los miras de arriba abajo, tienen envuelto el buzo en la cintura y te das cuenta si tiene un revolver abajo. Les ves la cara…” (Carolina).
Siguiendo la línea de análisis propuesta por Garfinkel, la victima del
delito, reconoce en una pronta interacción los índices de una situación de asalto y negocia las reglas organizando los elementos depositados en el sentido común. Reconoce la situación de delito por la presencia de un individuo que responde al imaginario del delincuente (Cfr. Wolf, 1998).
Por otra parte, en sus representaciones, los habitantes de este barrio se construyen como vecinos desde el lugar de la víctima. Tomando conceptos de Madriz ( cfr. Madriz, 2001: 36) , la inocencia es un rasgo importante de la victima. “Los medios generalmente presentan a las víctimas como personas decentes, trabajadoras y amantes de su familia (…). Es digna de aparecer en los titulares por que es buena persona”. (Madriz, 2001: 35). Es en este terreno en el cual también puede verse el funcionamiento del discurso mediático, su interiorización y naturalización, cristalizadas en los discursos de los vecinos a la hora de construirse como victimas de las conductas criminales, de esos otros no representados como vecinos, a pesar de vivir “en la zona” o en “los alrededores”. Continuando con Madriz, la imagen típica de la victima ideal es la persona inocente que es robada, golpeada o muerta, pero a la que no se puede echar la culpa por su desgracia. (Madriz, 2001: 38),
Existe en los discursos de los vecinos cierta naturalización de su condición de víctima de la delincuencia, presentada como casi obligada e inevitable: “(cuando vine a vivir acá y puse el negocio) los primeros meses bárbaro, al segundo mes ya me robaron; acá les robaron a todos los negocios sobre Arieta y a mí también me tenían que dar la bienvenida” (Carolina).
No obstante, si retomamos el concepto de dicotomía de las victimas planteado por Madriz , vemos que en un extremos está la víctima buena e inocente que merece nuestras lágrimas y en el otro, la víctima mala y culpable que no las merece. Algunas víctimas, según explica esta autora, pueden colocarse entre los dos extremos. Es desde este lugar que se puede leer el sentido en discursos como el de Marta, en el cual se percibe cierta ambivalencia: ella nos relata un caso acontecido hace un tiempo en el barrio, cuyos protagonistas son un chico de 10 u 11 años, habitante de Villa Palito y un policía que, junto con otro, estuvieron a punto de ser asaltados por el menor, quien había intentado robarles el estéreo del auto. Según cuenta Marta, el policía comenzó a apuntarle con un arma en la cabeza y el chico se arrodilló y le pidió por favor que no lo mate. El policía, ordenándole que baje la cabeza, “lo acribilló a balazos”. Este relato finaliza con la conclusión de la vecina: “La policía es la policía pero no tiene derecho a hacer lo hizo, cómo va a matar a una criatura que le está pidiendo que no lo mate, y después a estos atorrantes que hacen de todo, no les hacen nada.” Paradójicamente, se puede notar que esta “criatura” victima de la violencia policial, comparte muchas características con aquellos sujetos que Marta califica como “atorrantes”: es menor, proveniente de la villa e intentó cometer un robo.
En el mismo discurso, que no difiere del sentido general subyacente en el resto de los discursos de los entrevistados, podemos encontrar ejemplos de las víctimas malas, no merecedoras de nuestras lágrimas: “(los de la villa) hace poquito pararon todo porque un coche había atropellado a uno de la villa, pero pasó porque roba y roban ahí. Y este, robó a una persona en un auto, el hombre se bajó y el tipo salió corriendo. Venía un coche y lo mató. Para mí, que Dios me perdone, está bien muerto, porque un dañino de esos para qué lo querés.” (Marta).
Si tratamos de unificar ambas partes de su discurso, podemos ver un ejemplo del nivel de ambivalencia que opera sobre el imaginario social estudiado.
Como afirma Alcira Daroqui, "delincuente, individuo peligroso, desviado no es aquel que comete delitos, sino el que el sistema penal encierra en la cárcel" (Revista Ciencias Sociales, N° 56, 2004: 22). Aceptando este enfoque afirmamos la existencia de una relación desarmonizada entre dos imaginarios actuales y en pugna: resulta necesario
transformar (simbólicamente) al villero en criminal, encerrarlo. Mientras la policía no pueda aprehenderlo por ser menor de edad seguirán siendo "niños", "nenes chiquitos" o "criaturitas". Esta lucha simbólica es funcional a la ideología de una clase dominante que insiste en borrar las huellas de la historia, pues de no ser considerados criminales quedarían al descubierto las marcas de la violencia estatal y las desigualdades sociales. Lo cual generaría un quiebre en la ecuación planteada anteriormente.
En la publicación de Septiembre de 2004 de la facultad de Ciencias Sociales de la UBA, Pablo Livszyc señala que esta reducción de la inseguridad al terreno de lo criminal clausura otras lecturas posibles y produce una agenda de discusión que limita los modos en que se la puede pensar (Cfr. Livszyc 2004:22).

¿Quién es el delincuente? ¿Dónde está el enemigo?

En La Tablada el nivel de fragmentación se hace notar y se presenta claramente, en relación a más de una cuestión. La figura del delincuente es una de ellas.
Tal representación es construida principalmente en torno a chicos pequeños, de entre 8 y 11 años y jóvenes cuyas edades van desde los 14 a los 20 años aproximadamente.
Los mismos, son caracterizados como: maleducados, irrespetuosos, quienes no solo roban y matan sino que parecen encontrar cierto placer en el mero hecho de agredir a la gente mayor del barrio, a los vecinos.
“Estos chicos son de la zona, son muy maleducados; los padres se esconden, no salen a enfrentar ni a reprimir a sus hijos, y ellos salen a molestar a los vecinos.” (Laura).
Estos jóvenes, si bien viven (al menos varios de ellos) en el mismo barrio, no son considerados vecinos (“son de la zona”, no del barrio), sino como una amenaza constante para la comunidad. Su presencia pasa a ser considerada como una amenaza externa que, de hecho, encuentra su causa principal justamente en el “afuera” del barrio:
“hay una villa por acá nomás, Villa Palito. Los chicos de ahí vienen y se juntan con los chicos del barrio. (…) antes el barrio era hermoso, no había chicos maleducados” (Marta).
Siguiendo a Kessler, podemos rastrear en estas representaciones algunas de las características constitutivas de las teorías culturalistas, cuyo acento está puesto en el principio de asociación diferencial que presupone que las personas se vuelven delincuentes por la frecuentación de pares con tales orientaciones (Cfr. Kessler, 2004: 110). De esta manera, La Tablada es construido como un barrio (el de “la Yelmo) que, antiguamente, era “sano” y educado, hasta que empezó a “mezclarse” con gente de “los alrededores”, como los mismos vecinos llaman a los barrios linderos.
Continuando con la teoría mencionada, el espacio físico ocupado por la villa, es concebido por los vecinos como propicio para la comisión de delitos, por no aparecer bajo la responsabilidad de nadie, por la ausencia de instituciones que actúen en dicho hábitat, lo cual impacta sobre la mala reputación de tal lugar y la consecuente estigmatización, en el sentido Goffmaniano, de sus habitantes. (Kessler, 2004: 111). Esta ausencia de instituciones intervinientes (Policía, Municipio, escuelas, etc.) resulta, según los propios vecinos, en el desarrollo ilimitado de actividades caracterizadas como ilegales, tales como el consumo, compra y venta de drogas:
“ Existe ahora la droga ahí que es tremendo.(…) vas a ver los coches que entran ahí, últimos modelos, gente que viene de todos lados a buscar droga ahí…La Policía no hace nada, porque son menores te dicen…” (Marta).
Así, estos jóvenes delincuentes descriptos por los vecinos entrevistados, gozarían de absoluta inmunidad ante la ley, por el simple hecho de ser menores y, como tales, no condenables por la justicia.
“La Policía sabe lo que pasa pero no puede entrar ahí, no tiene acceso. Lo hace cada tanto, cuando viene la orden de la Fiscalía, que pasa por el Juez y así pueden hacer un allanamiento. Los de adentro ya está avisados, entonces nunca encuentran a nadie. Por eso, la venta de droga es en todos lados igual.” (Guillermo)
Se desprende de esto último que, trasladado a un plano macro, que excede el barrio en cuestión, este funcionamiento deficiente del sistema judicial, actuaría como reproductor de actividades delictivas: “pasa en todo el país, la Policía dice que no los dejan actuar. Si nosotros actuamos nos meten en cana a nosotros…Ahora, la Policía se junta con los que venden droga y venden ellos también.” (Laura)
Retomando las teorías del delito esbozadas por Kessler, también es posible detectar ciertas visiones adoptadas por las Teorías del Control Social ( cfr. Kessler, 2004: 112) , respecto a que una de las causas para delinquir sería el debilitamiento de los lazos que unen a estos individuos con el resto de la sociedad, como ser la familia y la escuela. Así, se atribuye la responsabilidad por estos actos delictivos cometidos por estos chicos, a la falta de educación que radica en el seno familiar, a la desintegración de la familia y al desinterés e irresponsabilidad de ésta, a la hora de cumplir con su deber como institución educadora. En correlación con esto, tampoco se preocuparía por la inserción escolar de los chicos: “ Al colegio, hay más de uno que no va y los padres ni siquiera saben donde están sus hijos…”(Laura)
Por otro lado, el hecho de que las familias no actúen como educadoras de los chicos, aparece desligado, causalmente, en estas representaciones del factor pobreza, de la falta de recursos económicos o desigualdades sociales: “Vos podés ser muy pobre, ignorante y pobre, pero tenés sentimientos, para hacer el bien a la gente, ser una buena persona. Podes ser muy pobre, pero no podés no educar a tu hijo”. (Marta)
Incluso no se considera a la falta de empleo como causa, ni justificativo, para cometer delitos: “Si vos buscas hay trabajo ahora…no trabaja el que no quiere” (Marta).
De esta manera, estaría entrando en juego la idea de una elección consciente, una volición, en las conductas criminales.
Esto nos remite en cierto modo a las Teoría del delito como elección racional, en la cual interviene una evaluación costo-beneficio por parte del actor, al momento de llevar a cabo la acción. ( cfr. Kessler, 2004: 115). En la misma línea se sitúan las bases de “disuasión” frente a potenciales delincuentes, que proponen aumentar el costo del delito y la severidad de las penas. Es en este terreno que se mueven las propuestas de solución expresadas por los vecinos entrevistados en este barrio de La Tablada.
Se destacan acciones en torno a la remisión de estos menores delincuentes a reformatorios en donde puedan ser educados para que “salgan gente”, según las propias palabras de Marta. De esto parecer surgir una imagen deshumanizada del delincuente que, para convertirse en humano requiere de cierta (re)formación.
La contención punitiva y la reclusión de los responsables de actos criminales en prisiones, surge como otra alternativa en los discursos de esto vecinos, lo que en Wacquant, aparece como la alternativa de solución del Estado Penal, parte constitutiva de lo que él llama “nuevo régimen de marginalidad urbana” ( Cfr. Wacquant, 2001: 128).
El sentido construido por estos vecinos en torno a la figura del delincuente, le atribuye a ésta la responsabilidad consciente por sus actos, cuya elección racional los coloca en el lugar de “los otros” que “deben pagar por lo que hicieron”.
Este sentido común, esta moralidad, que encierran las representaciones de los comerciantes entrevistados en La Tablada nos pueden ayudar a dar cuenta de aquello que Garland, llama “Dialéctica de la libertad y el Control”: en la medida en que los delincuentes y los beneficiarios del Welfare aparezcan como los “otros” y como la fuente principal de su propia desgracia, ello da la oportunidad a las clases dominantes de imponer controles estrictos sin renunciar a sus libertades. (…) es la libertad de algunos que implica la exclusión y el control estricto de otros. (…) concuerda perfectamente con el sentido común actual y con la moralidad individualista de nuestra cultura consumista”. (Garland, 2001: 146).
Esto permite ver la puesta e funcionamiento del efecto producido por el discurso oficial, a través de los medios de comunicación. Da cuenta de la operación de un discurso hegemónico, en el sentido gramsciano del término, instalado en el imaginario social, según el cual las soluciones penales serían los medios adecuados para lidiar con los sectores marginales, sin enfrentar las causas sociales y económicas que los convierten en tales.
De esta manera, se puede relevar en los discursos analizados, un sentido común, (en términos de Gramsci) funcional al sistema político-económico, neoliberal capitalista, que permite ver cómo operan estos relatos de control puestos en marcha en la sociedad a través de los discursos circulantes en los medios; en un plano micro, como lo es un barrio, justificando así prácticas y políticas de exclusión.


Espacio público y límites geográficos del delito

El límite entre el Bien y el Mal parece ser, de acuerdo a los relatos recogidos, el Camino de Cintura. Esto requiere especial atención.
Profundizaremos sobre la percepción que los vecinos tienen sobre la espacialidad, su propio barrio y los límites geográficos del delito. Para esto hemos de referirnos al texto de Wacquant: “El barrio ya no representa un escudo contra las inseguridades y las presiones del mundo exterior (…). Se convierte en un espacio vacío de competencia y conflicto, un campo de batalla lleno de peligros para la lid diaria de la supervivencia y la huída. Este debilitamiento de los lazos comunitarios con base territorial alimenta a su vez una retirada hacia la espera del consumo privatizado y las estrategias de distanciamiento (“no soy uno de ellos”) que socavan aún más las solidaridades locales y confirman las percepciones despreciativas del barrio” (Waquant 2001:179).
En el imaginario, el barrio es habitado por gente “buena” y “trabajadora”, razón principal por la cual los informantes han manifestado su deseo de permanecer en La Tablada. Cruzando Camino de Cintura habita gente “de otro nivel”, según afirma Guillermo. Se trata de Villa Palito, históricamente conocida como “Barrio Almafuerte”, un lugar al que la policía no tiene acceso. En la villa reina el caos mientras el barrio reclama un orden roto por la intromisión de los villeros, en general los más jóvenes.
Como afirma Waquant, el barrio ya no funciona como un escudo. Detengámonos un momento en esta afirmación.
Media aquí una relación entre un afuera y un adentro (La Tablada). Al interior del barrio, los vecinos se sentían seguros en su comunidad imaginada donde habitaban todos los conocidos y amigos. En la actualidad, las calles son invadidas por jóvenes percibidos como agentes externos, desconocidos que portan el estigma de la territorialidad y la pobreza: se sabe de dónde vienen, no quienes son.
Hemos mencionado que las imágenes sociales del pasado corresponden a la descripción de una “comunidad imaginada”, definida por Anderson como categoría central para abordar los estudios sobre nacionalismo. Define a la nación como una categoría perteneciente al orden de lo imaginario, se trata de una comunidad imaginada ya que los miembros de ese colectivo nacional jamás conocerán a la mayoría de sus compatriotas, sin embargo existe la seguridad de tener algo en común con ellos (Cfr. Anderson1993:23).
Utilizamos las mismas nociones para estudiar la relación entre los vecinos y el barrio, pero previamente se hace necesario introducir la noción de “ritual”, tal como la presenta Goffman, es decir, como una acción simbólico dramática para afirmar los lazos que mantienen unida a la comunidad. (Cfr. Joseph 1999: 178)
Los rituales, como decíamos refuerzan los lazos sociales de una comunidad.
La co-presencia en un espacio de visibilidad mutua reposa sobre intercambios recíprocos que permiten observar toda la paleta convencional de acuerdos y arreglos o de repulsiones y reservas inherentes a la organización del espacio público (Joseph 1999: 178) .
Siendo que tanto los rituales como la comunidad imaginada entran en el juego de la construcción de la identidad es necesario detenernos a reflexionar sobre este punto.
La comunidad imaginada a la que hacíamos referencia ha dejado de funcionar o funciona fragmentariamente, las relaciones sociales son escasas y débiles. No hay comunicación entre los vecinos del barrio y se sienten marginados por el municipio que no muestra interés en la solución de los problemas de infraestructura del barrio ni invierte en obras públicas. En este aspecto, la calle Peribebuy se presenta como una de las líneas de exclusión con respecto a otros barrios. Guillermo nos comentaba sobre la relación con el municipio: “A partir de la calle Peribebuy es otra cosa, para arreglar algo en esta zona te dicen que lo pidas con tiempo. Esto es La Tablada”
“Yo haría algo con este campo (el predio abandonado de la fábrica Yelmo). Lo apodamos así porque ni siquiera la municipalidad da una orden para que lo limpien (…) y tenemos un problema con un semáforo de cuatro tiempos acá a dos cuadras que por orden del municipio los colectivos ya no pueden pasar más por la avenida. Ahora entran dos cuadras para adentro cosa que las cuadras terminan hechas bolsa (…). Vas a la municipalidad y te dicen que hay que mandar una carta a La Plata, hablas a La Plata y no te dan ni cinco de bolilla” (Guillermo).
Tampoco establecen un nexo entre los mismos vecinos, la comunicación se ve interrumpida por las prácticas de supervivencia y encierro.
Es interesante que todos los informantes, bajo su fachada no discriminatoria, hablen de “los alrededores” y solo explicitaran su referencia a la villa luego de insistir sucesivas veces sobre la aclaración del término.
Es Villa Palito la que sí conforma un escudo -aunque en un sentido negativo- tanto para los vecinos como para la policía, de modo que es percibida como lugar de acceso restringido y para ambos actores, como se observa en la entrevista realizada a Guillermo: “Cada vez que entran en la villa tienen que hacer un procedimiento grande (…). Imaginate si llegan a entrar de a dos o tres los acribillan”.
De la misma manera, Mirtha nos relata su experiencia: “ (Un chico de 13 años) Me arrancó la cartera y salió corriendo. Yo salí atrás de él pero cuando ví que salió y cruzó camino de la Cintura dije ‘chau’. ¿Qué me voy a meter ahí?”.
Las identidades se construyen en un doble movimiento de inclusión y exclusión que define a un colectivo de personas en base a las diferencias con un otro imaginado. El nosotros resultante
Es notorio el efecto que produce la relación de cercanía/lejanía sobre las opiniones formadas por los informantes de aquello conocido o extraño y cómo el imaginario vuelve a mostrar su carácter de construcción de sentido.
Guillermo nos comentaba: “tenés de todo en la villa, en la parte de adelante hay gente común de nivel bajo, que es laburante. Y en el medio, bien al fondo tenés la que te vende droga, todo eso donde no entra la policía”.
Es precisamente en el fondo del asentamiento, donde los vecinos nunca pudieron entrar, en donde se ubican las actividades ilegales y los otros distintos, donde más peligroso se torna el lugar. Se trata de un sentido común en términos etnometodológicos, definido como aquello que todos saben. Esto habla del miedo a lo desconocido. Al mismo tiempo, quienes habitan los límites fronterizos entre el barrio y la villa son descriptos como personas investidas de las mismas propiedades que los vecinos, gente honesta (laburante) de bajos recursos económicos. Lo único que los separa del vecino de tablada es su locación: viven en la villa, también portan el estigma.
Y no aparenta ser casual esta valoración positiva de aquello que era amenazante y se ha vuelto conocido. Los entrevistados han manifestado la creencia de que la mayoría de la gente que vive en la Villa Palito proviene de otros países y reproducen el mismo esquema en su valoración hacia ellos: “Hay mucho paraguayo, muchos boliviano, ¿no ves? Bolivianos no, la gente boliviana que buena gente que es. Yo lo compruebo por años de la feria de los bolivianos y en el barrio hay, que alquilan, muchísimos bolivianos. Esos sí que no te van a robar, ni pegar, ni decirte una mala palabra” (Marta).
En el caso de Laura opera un elemento que la separa del resto de los informantes, ella misma porta un estigma por ser inmigrante italiana, aunque de ciudadanía argentina. Sin embargo, su estigma no es tan desacreditante como aquel depositado sobre personas de nacionalidades latinoamericanas, principalmente provenientes de los países limítrofes. Despliega entonces una fachada que reafirma su identidad y la muestra cercana a aquellos con quienes comparte su estigmatización, pero conserva el mismo sentido sobre ellos: “yo les digo: no solamente hay bolivianos y paraguayos chorros, también hay los argentinos chorros, los italianos chorros ¿o no? Entonces no hay que echar la culpa a uno. Para mí los bolivianos, yo conozco algunos, son decentes. Son todos trabajadores. Duermen en una piecita donde tienen verdulería, en un cuartito nomás. Se les tiene bronca a los extranjeros, ¿por qué nos tienen bronca a nosotros? Si vinimos a laburar, a progresar y a tener todo lo que uno pueda tener”.
“Un pendejo me dijo el otro día: Usted se tiene que ir porque es inmigrante, nos quita lo nuestro. Seré inmigrante pero vengo a laburar, esto es mío porque lo pagué”.
Se trata de un imaginario que se ha resignificado, sin duda, ya que, a diferencia de los años 90, el inmigrante (boliviano, en este caso) ya no representa una amenaza. Pero la estigmatización no ha desaparecido, pues sigue operando una estereotipación sobre prácticas y costumbres que lo ubican en el lugar de los otros y que parecen requerir de ciertas aclaraciones sobre su “decencia”. Sin embargo han sido colocados en un estatus superior respecto de las otras ciudadanías, así como también fueron separados de los paraguayos.
Como dijera Irma, (off the record): “Donde yo vivo hay un asentamiento, la gente es buena. Hay mugre, se inyectan y roban… bueno, son paraguayos. Pero son muy respetuosos, nunca me hicieron nada y me tratan de Usted”.
El estigma de inmigrante adopta distintas categorías, estratifica las nacionalidades y les otorga una posición en la escala jerárquica. Pero incluso aquellas que gozan de las posiciones menos castigadas distan de ser “normales”.
De la misma manera que en el caso de los cartoneros en el estudio realizado por Sanjurjo y Tuffró (Sanjurjo, Luis y Tufró, Manuel ,2004), se habla de una usurpación del espacio público que obliga a los vecinos a replegarse a sus hogares, fenómeno que pudimos observar mientras recorríamos las calles vacías de La Tablada.
Marta: “Salgo cuando no están los chicos. Uno sabe que después de las siete de la tarde ya no se puede salir a la puerta, ya provocan, gritan, te tiran piedras, rompen los vidrios, te hacen de todo”.
Laura: “Acá, antes estaba todo tranqui. No había tanto problema, ahora es problema en cada esquina. Yo vivo acá adentro del negocio, no podés salir a la calle”.
Carolina: “Yo salgo de acá agarro los perros y salgo para casa”.
Desde el inicio de la “ola de inseguridad”, como llaman los medios a esta sensación de vulnerabilidad extrema y omnipresente, construida a nivel masivo, se han reconfigurado las relaciones entre vecinos y la organización de su vida diaria, así como también se modificaron practicas, se modificaron unas y desaparecieron otras.
Toda la vida del barrio se configura en base a la vida de la juventud. Los comercios cierran cerca de las siete y media horario en que aparecen los jóvenes en las calles. Esto funciona como un toque de queda en el que los ciudadanos normales se sienten obligados a esconderse. La preocupación aumenta ya que no se sienten protegidos en sus hogares: “Como (la gente en La Tablada) es gente mayor investigan todo para ver el momento, pispean para ver en qué momento se les pueden meter a la gente y se les meten” (Guillermo).
Desde la perspectiva de Goffman, en una situación en que interactúan un “normal” y un estigmatizado, el curso normal de la interacción se interrumpe y se rediseñan las reglas que rigen el encuentro. En este caso, es el individuo “normal” quien tiene la facultad de trazar las reglas a su conveniencia.
En el caso de Tablada, el estigma arrojado sobre los jóvenes provenientes de la villa, que “se juntan” con los del barrio, actúa de manera diferente a la señalada ya que los estigmatizados rigen la vida de los “normales”, de la gente común.
La calle es el único espacio público. No existan plazas ni parques en el lugar. Espacialmente, el barrio está encerrado entre Villa Palito (un lugar impenetrable), Dos supermercados grandes y un predio ocupado por la fábrica Yelmo, abandonada desde los ´90. El único lugar de encuentro es el club deportivo, a donde concurren los chicos de la villa. Tampoco existen espacios de reunión o debate donde la comunidad interactúe. Esto, sumado al miedo generado por la presencia del otro, acabó por socavar la mayoría de los rituales hasta el punto en que lo único que parece unirlos como comunidad es el hecho de abrir y cerrar los comercios a la misma hora y la medida de autoprotección adoptada, la reclusión en sus propias casas.


CONCLUSIONES

Como conclusión, podríamos decir que subyace en estos discursos un imaginario, en donde la propia identidad construida por los vecinos, es asociada al trabajo, la aceptación mutua, la empatía, el sentimiento de desprotección y vulnerabilidad extrema, desde el lugar de la victima.
Victimas de una inseguridad provocada por la ausencia de intervención de instituciones estatales y por la presencia de un “otro”, maleducado, insensible, ignorante, agresivo, de clase baja e involucrado en actividades ilegales, delictivas, por propia elección racional.
No obstante, esta identidad como barrio, que también los representa y coloca a ellos mismos en el lugar de excluidos ( por las instituciones, respecto al los demás barrios que los rodean), está fuertemente marcada por el individualismo y el interés por la propia seguridad, expresado claramente en el enunciado “Acá, cada cual hace la suya, se cuida a si mismo”.
De esto, se puede hacer una lectura que muestra que no existe una identidad conformada como comunidad, un sólido sentido de pertenencia al barrio, sino una representación de vecino asociada al hecho de vivir en el mismo espacio físico y padecer los mismos riesgos, problemas y circunstancias, que moldean e imponen marcadas fronteras a sus prácticas cotidianas. Prácticas, resultado de una sensación, compartida por todos, de inseguridad.



DISCURSOS: ESTADO-MEDIOS-INFORMANTES

Según, Ford nos comunicamos a través de sentidos y no de significados. Ya que, la comunicación es un proceso de producción de sentido que atraviesa diferentes niveles, pasa por los medios y los excede (cfr.Ford, 1994:127-132)
Para dar cuenta de las relaciones de poder que se ponen en juego en la definición del sentido sobre el par seguridad-inseguridad en este trabajo, tomaremos como objeto de análisis los discursos de diferentes actores sociales.
Por un lado, la voz oficial del Estado se encuentra representada en las declaraciones de algunos funcionarios públicos y en las del Intendente de La Matanza.
Por el otro, se hallan los discursos de un sector dominante (la clase oligárquica que repudia a los sectores bajos e impulsa su eliminación) reflejados en los medios de comunicación. Y los de un pequeño grupo de comerciantes relevados en las entrevistas.
En la página oficial del Municipio de la Matanza aparecen publicadas unas notas, sobre las actividades del Intendente Fernando Espinoza, que dan cuenta de su postura política para combatir la inseguridad (ver apartado del Sitio Web en el Anexo).
Sus declaraciones en diferentes reuniones van desde el pedido de “más destacamentos policiales”, “más efectivos policiales que patrullen las calles” y de “un mejor acompañamiento de la estructura judicial”.
A su vez, desde el Municipio se promueve junto con el Gobierno de la Provincia la participación de los ciudadanos en temas de seguridad. Por medio de, la creación de Foros de Seguridad Vecinales (ver en el Anexo Foros de Seguridad) que coordinan sus actividades con un Foro Central a nivel distrital.
Actualmente, Fernando Espinoza fue designado por el Gobierno Nacional como “representante del Capítulo Argentino del Foro Consultivo de Municipios y Provincias del MERCOSUR” para tratar problemas de inseguridad.
En esa oportunidad estuvieron presentes varios funcionarios nacionales, entre ellos, Daniel Scioli quién manifestó su oposición ante aquellos que “piensan que esto se arregla con penas mas duras. Pero no, esto se arregla con prevención y llegando antes con nuestra policía”.
Y el gobernador Solá quién, en este sentido, señalo que “en el 2003 le ganamos 4 a 1 a Patti y a Rico, porque ellos planteaban penas más duras, pero ganamos nosotros con nuestra política de prevención”.
Por su parte, los medios de comunicación median entre los diferentes sectores sociales creando el consenso para la dominación. Son difusores de hegemonía de la clase dominante .En una encuesta publicada hace días atrás en el diario La Nación se anuncia que:
“El 84% de los argentinos cree que en el último año la inseguridad, producto de los delitos, se mantuvo igual o empeoró (…). Un 67% de quienes sostienen que su barrio es inseguro de noche son vecinos del conurbano. (…) los segmentos de mayor edad tienden a percibir sus zonas como más inseguras. En todos los segmentos es más fuerte la opinión de que la inseguridad está empeorando”.
Por lo que, en las declaraciones de nuestros informantes encontramos rasgos de esa “concepción de la vida elaborada por una clase que se impone sobre otros de forma natural” (cfr.Gramsci, 1949).
Todos ellos cierran sus negocios a partir de las 20 porque, la zona es insegura de noche. Al respecto, Laura nos dijo que “salís a la puerta de tu casa y no sabes si volves. Estas en la puerta de tu casa, te dicen dame la guita y te meten adentro (…) No hay seguridad en Argentina (…). Ni en la Capital, ni en la Provincia. Pasa en todo el país”.
Mirtha, dijo “Acá, antes estaba todo tranqui. No había tanto problema, ahora el problema es en cada esquina. No podes salir a la calle”.
Además, en la encuesta se mencionan diferentes soluciones para combatir la inseguridad tales como:
“(…) aumentar las penas para castigar los delitos. (…) mejorar la administración de justicia y las leyes para que sean más eficientes. Y (…) Los que proponen aumentar las penas tienen entre 50 y 64 años”.
En relación con esto, Laura expreso “si un menor, porque es menor no se le puede dejar hacer lo que quiere porque sea menor. Tiene que tener una pena.Pagar (…). No se hace nada. Todos se tiran la pelota (…) No porque sean menores pueden hacer lo que quieren. (…) Las leyes tienen que apoyar a los mayores y a los menores”.
Y al finalizar la encuesta, reveló que:
“La inseguridad provocó un cambio de hábitos (…) un 30% tiene perros que los protejan y ya no salen de noche, especialmente en el conurbano, donde el 46% dice que no lo hace más”.
Por su parte, Carolina nos relato que en base a los robos que sufrió esta “siempre alerta” y que “ahí me empecé a comprar perros, los tengo acá en el negocio”.Además, de que ya no sale de noche.
En una Editorial publicada en el diario Clarín, se hace mención acerca de:
“La inseguridad es una de las sensaciones dominantes en nuestra sociedad, y si bien su causa principal es el aumento del número de delitos le cabe un papel importante al mal desempeño de la Policía y del aparato público de seguridad”.
Respecto a este tema, Martha opinó que “No tendría que existir la policía, tendría que estar Gendarmería (…) Son gente educada, muy buena gente…no es como la policía que pasa negocio por negocio pidiendo las cosas…desde siempre, en todos los barrios…”.
Un producto de esa mediación, entendida como un sistema de construcción de sentido según, Contursi y Ferro (cfr.Contursi y Ferro, 1999) son los imaginarios sociales. Categorías, que según Martini representan lo real como algo obvio y que asumimos como naturales (cfr.Martini, 2002).
Al relevar los discursos de nuestros entrevistados sobre la inseguridad en la vida cotidiana, encontramos un sentido naturalizado habida cuenta de la presencia de un imaginario operando en esa percepción.
En cuanto a la relación del Municipio con los vecinos de La Tablada, descubrimos que ninguno de nuestros informantes conocía ó había escuchado hablar sobre los Foros de Seguridad Vecinal.
Cosa que no nos resulto extraña porque Martha nos dijo que “El Municipio no hace nada, a ellos no les importa nada”. Y según, Guillermo “si querés arreglar algo de esta zona te dicen que con tiempo. Le dan más importancia a la parte céntrica de San Justo, de Piribebuy para allá… Esto es Tablada”. Sin embargo, advertimos que comparten con el mismo el imaginario sobre la presencia policial en las calles para prevenir el delito.
Pensar a la comunicación como “proceso de producción” nos permite entablar una relación entre los diferentes discursos para reconocer las operaciones de construcción que se ponen en juego. Y al mismo tiempo, identificar las luchas por la imposición del sentido insertas culturalmente.
Porque, la comunicación se inscribe dentro de un contexto cultural. Y la Cultura es, siguiendo a Gramsci, un espacio de lucha por la apropiación y definición del sentido (cfr.Gramsci, 1949).
En ella los actores sociales pujan por imponer su visión del mundo, por un lado se encuentra la voz del Estado que propone combatir la inseguridad con políticas de prevención. Por el otro, tenemos el discurso del sector hegemónico reflejado en los medios que atribuye el problema de la inseguridad al incremento del delito y propone como solución aumentar el control y las penas.
Y en medio se hayan los vecinos de La Tablada, inmersos en esa tensión constante, quienes atribuyen un sentido en base a su propia experiencia y a sus prácticas en la vida cotidiana.
Porque, su “visión del mundo y de la vida se caracterizan por ser incoherente, relacional, fragmentaria, histórica y social”