San Lorenzo no tuvo ideas y se volvió con las manos vacías

San Lorenzo no tuvo ideas y se volvió con las manos vacías de Perú


Jugó mal y cayó por 1-0 frente a Universitario, en un partido por el Grupo 8 disputado en Lima. Bottinelli vio la roja tras cometer un infantil penal, que convirtió Solano.




San Lorenzo se quedó sin nada. Se quedó con esa imagen opaca, gris. Se quedó con diez desde temprano por una nueva expulsión, se quedó un gol abajo por un penal y nunca más pudo -ni supo- ser ese equipo que pretende. Ese capaz de lucir con jugadores iluminados, de ser el candidato que, definitivamente, irá a la conquista de su obsesión. Esta vez, el paso por Perú fue en falso.

Cada vez que Nolberto Solano le sacó punta a su lápiz -ese que tiene en su pie derecho- Universitario supo dibujar jugadas en ese pizarrón imaginario. Sin ir más lejos, el Ñol fue el autor intelectual del penal con ese pase largo, preciso, para la corrida de Ronaile Calheira. Del resto, se encargó la lentitud de Jonathan Bottinelli que perdió en velocidad y, una vez que el atacante brasileño ingresó al área le cometió el penal. La escena, otra vez, fue al guante de Solano. Y al gol, merecido no tanto por la chispa en la zona de fuego, más bien por la interesante elaboración del juego, en esa circulación de pelota.

Sin más que esa jugada propia del San Lorenzo que quiere ser -lejos del que es- el equipo de Miguel Russo apenas mostró una carta en ese comienzo. Un centro de Gonzalo Bergessio que Andrés Silvera bajó con el taco para que Santiago Solari remate de zurda, apenas desviado. En la estética de la acción, hubo argumentos para pensar en el justo empate. Pero no lo fue, y empezó a pesar ese jugador de menos -por la expulsión de Bottinelli- en el armado y en las intenciones del equipo. Juan Manuel Torres pasó de segundo marcador central, al lado de Gastón Aguirre. La idea, lógico, ocupar ese espacio para cubrir de algún modo la movilidad de los delanteros de Universitario, que pudo aumentar con un remate de John Galliquio que dio en el palo derecho de Orion.

Si San Lorenzo no juega -léase no pesa Pablo Barrientos, no se impone Cristian Ledesma- cae en esa imagen de equipo alterado que se preocupa, demasiado, por las migas y no tanto por el menú. Un roce, un reclamo, y una pierna fuerte que calentó el juego. ¿De jugar? Poco, porque a sus puntas les costó sintonizar la radio de los creativos, aunque se las ingeniaron para buscar su propia frecuencia: una corrida de Bergessio abrió la llave para la igualdad, pero Silvera falló de frente al arco. La presencia de Miguel Torres en esa zona de gestación fue una preocupación para el esquema de San Lorenzo. Porque encontró su lugar en el fútbol detrás de Solari y antes del cruce de Aureliano Torres. Desde ahí, buscó ser receptor de pelotas y cambió de frente en su lectura, inteligente, del partido.

Ese espacio que San Lorenzo encontró para jugar en el comienzo del segundo tiempo insinuó un final diferente en la noche de Lima. Porque disimuló sus flaquezas de la primera parte y, si bien no contó con opciones concretas, en esos minutos fue punzante con pelotas detenidas -en una le cometieron un penal a Solari-, aunque ninguna pudo dar con la red. En esa apuesta, como una consecuencia natural, Universitario fue paciente para esperar en su casa y salir de contra para la estocada final. Una vez lo tapó Orion en un mano a mano, y en el epílogo lo salvó Aguirre en la línea. Entonces, San Lorenzo supo que ese desgaste en el inicio de la segunda parte -al menos desde la intención- fue en vano. Y volvió el equipo que cuando no juega discute, se altera. El Papu Gómez empujó a un asistente peruano, Barrientos pegó un patadón. Y perdió. Otra vez.


http://www.clarin.com/diario/2009/02/19/um/m-01862094.htm