Por que amamos a los hombres



POR QUE AMAMOS A LOS HOMBRES?




Amamos a los hombres porque no consiguen fingir un orgasmo, aunque quieran.

Porque jamás nos van a entender, y aun así lo siguen intentando.

Porque todavía nos encuentran atractivas cuando nosotras mismas ya no conseguimos creérnoslo.

Porque saben de ecuaciones, de política, de matemáticas, de economía, pero no saben nada del corazón femenino.

Porque son amantes que sólo descansan cuando alcanzamos (o fingimos) placer.

Porque han conseguido elevar el deporte a algo parecido a una religión.

Porque nunca les da miedo la oscuridad.

Porque se empeñan en arreglar cosas con problemas que están más allá de sus habilidades, y se dedican a ello con entusiasmo adolescente, y se desesperan cuando no lo consiguen.

Porque son como las granadas: la mayor parte es imposible de digerir, pero las semillas son deliciosas.

Porque jamás se paran a considerar lo que pensará el vecino.

Porque siempre sabemos lo que están pensando, y cuando abren la boca dicen exactamente lo que imaginábamos.

Porque jamás les pasó por la cabeza martirizarse con tacones altos.

Porque les encanta explorar nuestro cuerpo, y conquistar nuestra alma.








Porque una chiquilla de 14 años puede dejarlos sin argumentos, y una mujer de 25 consigue domarlos sin mucho esfuerzo.

Porque siempre les atraen los extremos: opulentos o ascéticos, guerreros o monjes, artistas o generales.

Porque son capaces de hacer cualquier cosa por esconder su fragilidad.

Porque el mayor miedo de un hombre es no ser un hombre –lo cual nunca le pasaría a una mujer por la mente (no ser una mujer)

Porque siempre se terminan toda la comida del plato, y no se sienten culpables por ello.

Porque les parecen interesantísimos ciertos temas sin gracia ninguna, como lo que les ocurrió en el trabajo, o las características de los coches.

Porque están dotados de hombros en los que conseguimos dormir sin mucho esfuerzo.

Porque están en paz con sus cuerpos, a excepción de pequeñas e insignificantes preocupaciones con la calvicie y la obesidad.






Porque son asombrosamente valientes ante los insectos.

Porque nunca mienten sobre su edad.

Porque a pesar de todo lo que intentan demostrar, no consiguen vivir sin una mujer.

Porque cuando a uno de ellos le decimos “te quiero”, siempre pide que le detallemos cuánto.